
Sommier es grande. Blando por fuera, pero firme por dentro. Es nuevo y lindo. Sus pequeñas patas aguantan mi peso...y más. Estamos solos. No hay nada que se interponga entre nosotros. Ni sábanas ni mantas. Ni siquiera un almohada. Acaricia mi cuerpo y le devuelvo su suave accionar estirando mi largo cuerpo en todo su ser. Aunque nos estamos conociendo siento que lo amo. Siento que lo nuestro va a ser duaradero. No digo para siempre, pero va a ser muy bello.
Por ahora, como todo romance que recién se inicia, nada nos interrumpe. No hay heladera que me llame a buscar en su interior. No hay televisor que distraiga mi ya distraída mente. No hay radio que pase la música que nunca quiero escuchar. Apenas si hay un libro que compartimos juntos.
Pronto llegará ella y querrá compartir mi amor hacia él. Espero que lo entienda, que lo comprenda. Lo digo por ella. Porque estoy seguro que él, Sommier, me banca. Y hasta disfruta en su morbo, sentir que nuestros cuerpos participan con él de un trío fantástico.
Solos, siete días solos. Fueron maravillosos. Los dos solos contando nuestros secretos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario