
Siempre las burlas. Estaba cansado de las burlas de siempre. "Chancleta, no te calentés" le gritaban. Sonreía y en esa gesto iba un universo paralelo de puteadas. No se bancaba más las burlas. Al final, ¿eran amigos o enemigos? Que un rival lo gaste, vaya y pase. Pero que los de tu equipo se burlen, era mucho.
El sol era insoportable, ideal para el cajón de cerveza helada mezclada con Coca. Se quedó a un costado, jugando con un pucho en sus dedos. Los otros reían y comentaban el partido mientras preparaban la final. El sabía que no iba a jugar, no tenía chances. "Dale, chancle, no te bajonées" le dijo uno. Ni lo miró. Su cabeza se preguntaba por qué amando tanto el fútbol, Dios lo había hecho tan malo para jugarlo. Después de todo no eran tan malos sus amigos porque le permitían ser parte del equipo. En el fondo sabía que lo llamaban por si faltaba alguno y que lo metían cuando el partido ya estaba liquidado.
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