
Inspirar fuerte y profundo y cerrar los ojos van de la mano. Sobre todo cuando el aroma es agradable a nuestro organismo receptor. Claro, cuando el olor es insoportable también cerramos los ojos pero lo acompañamos con un gesto de asco.
Hay perfumes que nos disparan recuerdos inmediatos. Cuando huelo una fritura se me viene la imagen de Sara, mi abuela, que cocinaba unos buñuelos de acelga que los describo en dos palabras: impre, sionante. Claro que cuando me llega al olfato el olor de frituras cocinadas con aceite que se utilizó para repeler a los ingleses en 1806, siento una repulsión terrible (te-rri-ble, diría José).
Antes, los jazmines no me gustaban, me descomponían. Sin embago, no sé bien por qué, ahora no me imagino un jardín sin ellos.
Hay otro olor que despierta sensaciones encontradas en mi ser: el sexo de la mujer. No todas huelen igual. Algunas, te envuelven con su fragancia y te dan ganas de quedarte a vivir ahí. Otras, te invitan a que les preguntes: ¿a cuánto el kilo de cornalitos?
Después, están los olores extraños que, particularmente, me gustan: un fósforo cuando se apaga, la nafta, el desodorante de ambiente perfume de bebé. Pero, el mejor, lejos, número uno...Jazz de Yves Saint Laurent. Se acerca mi cumple...no sé si captan el mensaje.



