jueves, 26 de marzo de 2009

Perfumes aromáticos y olorosos


Inspirar fuerte y profundo y cerrar los ojos van de la mano. Sobre todo cuando el aroma es agradable a nuestro organismo receptor. Claro, cuando el olor es insoportable también cerramos los ojos pero lo acompañamos con un gesto de asco.

Hay perfumes que nos disparan recuerdos inmediatos. Cuando huelo una fritura se me viene la imagen de Sara, mi abuela, que cocinaba unos buñuelos de acelga que los describo en dos palabras: impre, sionante. Claro que cuando me llega al olfato el olor de frituras cocinadas con aceite que se utilizó para repeler a los ingleses en 1806, siento una repulsión terrible (te-rri-ble, diría José).

Antes, los jazmines no me gustaban, me descomponían. Sin embago, no sé bien por qué, ahora no me imagino un jardín sin ellos.

Hay otro olor que despierta sensaciones encontradas en mi ser: el sexo de la mujer. No todas huelen igual. Algunas, te envuelven con su fragancia y te dan ganas de quedarte a vivir ahí. Otras, te invitan a que les preguntes: ¿a cuánto el kilo de cornalitos?

Después, están los olores extraños que, particularmente, me gustan: un fósforo cuando se apaga, la nafta, el desodorante de ambiente perfume de bebé. Pero, el mejor, lejos, número uno...Jazz de Yves Saint Laurent. Se acerca mi cumple...no sé si captan el mensaje.

martes, 24 de marzo de 2009

La final del final (parte II)

Un mosquito se entretuvo más de la cuenta, como haciendo una sobremesa, en su brazo. La mancha de sangre quedó marcada en su palma. Hasta ese gesto lo hizo con bronca. Los miró. Se levantó lentamente, casi sin que nadie lo percibiera. Fue hasta su bolso.
El silbato del árbitro despabiló a varios. Los dos equipos comenzaron a poblar la cancha y al costado se fueron acomodando los simpatizantes. Bicicletas, motos, piedras grandes y algunos cajones hacían de platea preferencial y la techada era bajo una morera enorme.
Una moneda de cincuenta centavos surcó el cielo y aterrizó sobre la gorda mano del gordo referí. "Cara, ustedes sacan", le dijo al capitán de su equipo. El miraba atento desde afuera mientras movía circularmente sus pies. Calentaba el cuerpo aún sabienmdo que no iba a jugar. Su mente ya estaba caliente.
La pelota se movió del medio, la otra pelota, el árbitro, siguió casi todo el juego desde allí. Un periodista deportivo, culaquier periodista deportivo, diría friccionado. Así era el juego. Una patada acá, un codazo allá y una puteada larga que sale y se pierde. A pesar de los años y las batallas ganadas a lechones, pollos y vacas, se movían bastante los 22 actores. El problema es que no se sabían la letra. La pelota rebotaba como un pibe en un pelotero para el solo. Después de diez minutos y unas varias cervezas y vinos, los simpatizantes estaban en otra. El, no.

jueves, 19 de marzo de 2009

La final del final (parte I)


Siempre las burlas. Estaba cansado de las burlas de siempre. "Chancleta, no te calentés" le gritaban. Sonreía y en esa gesto iba un universo paralelo de puteadas. No se bancaba más las burlas. Al final, ¿eran amigos o enemigos? Que un rival lo gaste, vaya y pase. Pero que los de tu equipo se burlen, era mucho.

El sol era insoportable, ideal para el cajón de cerveza helada mezclada con Coca. Se quedó a un costado, jugando con un pucho en sus dedos. Los otros reían y comentaban el partido mientras preparaban la final. El sabía que no iba a jugar, no tenía chances. "Dale, chancle, no te bajonées" le dijo uno. Ni lo miró. Su cabeza se preguntaba por qué amando tanto el fútbol, Dios lo había hecho tan malo para jugarlo. Después de todo no eran tan malos sus amigos porque le permitían ser parte del equipo. En el fondo sabía que lo llamaban por si faltaba alguno y que lo metían cuando el partido ya estaba liquidado.

Ruth, la compañera


Ruth es compañera. Literalmente. Siempre atenta, sonriente, lista para ayudar o servir. Escucha y habla. Habla lo justo, pensando cada palabra, sintiendo lo que dice. Escucha todo lo que le dicen y lo asimila. Lo bueno y lo malo. Es fuerte aunque parece débil. Tiñó sus manos de rojo, de su rojo y las limpió con sus lágrimas y las curó con su silencio. La marca le recuerda lo agria que puede ser la vida. La risa de su pequeña le muestra lo dulce que es la vida. Camina sola. Duerme sola. Ruth es compañera. Solo hay que aprender a amarla. Literalmente es compañera.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Sommier y yo


Sommier es grande. Blando por fuera, pero firme por dentro. Es nuevo y lindo. Sus pequeñas patas aguantan mi peso...y más. Estamos solos. No hay nada que se interponga entre nosotros. Ni sábanas ni mantas. Ni siquiera un almohada. Acaricia mi cuerpo y le devuelvo su suave accionar estirando mi largo cuerpo en todo su ser. Aunque nos estamos conociendo siento que lo amo. Siento que lo nuestro va a ser duaradero. No digo para siempre, pero va a ser muy bello.

Por ahora, como todo romance que recién se inicia, nada nos interrumpe. No hay heladera que me llame a buscar en su interior. No hay televisor que distraiga mi ya distraída mente. No hay radio que pase la música que nunca quiero escuchar. Apenas si hay un libro que compartimos juntos.

Pronto llegará ella y querrá compartir mi amor hacia él. Espero que lo entienda, que lo comprenda. Lo digo por ella. Porque estoy seguro que él, Sommier, me banca. Y hasta disfruta en su morbo, sentir que nuestros cuerpos participan con él de un trío fantástico.

Solos, siete días solos. Fueron maravillosos. Los dos solos contando nuestros secretos.

martes, 17 de marzo de 2009

Sapo, no príncipe...


El sapo miró una vez más. Las membranas de sus ojos bajaron y subieron con asombrosa rapidez. El croar de sus congéneres, el viento en los cadillos, los molestos grillos desafinando. Nada. El sapo no escuchaba. Tampoco olía los jamínes y azahares que repugnaban el ambiente. Solo miraba. Su suerte, su buena suerte, comenzaba a crecer y el viento echaba con vozarrón de tabernero a las ebrias nubes. La luna, envidiosa, iluminaba sin saber que su luz era del envidiado. Que le importaba al sapo cuya única meta en ese instante, era mirar. El estanque tenía más barro, producto de la sequía. Tantas nubes sin lluvia. Una orquesta sin partitura ni instrumentos. Hacía mucho que vivía alli. Nació y nadó alli. Para él, era lo mismo que tuviera o no agua. Valió la pena, debe haber pensado el sapo, tanto sacrificio, tanta metamorfosis. Seguro lo pensó si es que los sapos piensan. Este parecía muerto, de museo de ciencias naturales. Apenas si se le hinchaba la papada. Concentrado, asi estaba. De a ratos, se le reflejaba en los ojos la víctima. Los cadillos quedaron inmóviles. Enfrentó sus patas delanteras e hizo un movimiento, casi imperceptible, hechando su cuerpo hacia atrás. Si la vida tuviera supermotion, la vista de su lengua saliendo de su boca mientras su deforme cuerpo se estiraba era digna de ver. Alcanzó su objetivo en un segundo, tal vez menos. Y en menos también lo soltó. La colilla de cigarrillo encendida quedó a un costado. La puta que lo parió, pensó, si es que los sapos piensan. Tendrían que prohibir esa mierda, pensó, si es que los sapos piensan. Escuchó las carcajadas de los changos que se alejaban del lugar, encendiendo otro cigarrillo en busca de otra víctima.

El sapo siguió inmóvil. Un tuco pasó frente a sus ojos. No, los sapos no piensan. Lo dejó pasar con su luz brillante. Es que sapo que se quema con una colilla, ve una luciérnaga y llora. No piensa.

sábado, 14 de marzo de 2009

De sólo pensar que pienso, me pongo a pensar...

Hola...
Hay veces que me embola saber que pienso cosas que tal vez estaría bueno poder compartir con otros seres y no sé cómo hacerlo. Pero desde que descubrí Blogger.com la vida me cambió!!!
No, no me cambió nada...y ya lo conocía al sitio. Nada más que ahora tengo más ganas de escribir. Hasta que se me pasen.